jueves, 22 de diciembre de 2011

Sueño despierto.

Sentado en mi cuarto, con una guitarra en su estuche abierto en el suelo, un vaso vacío a mi lado, y silencio en la casa. Sin mucha luz aquí dentro, pero desde afuera intermitentes las luces de navidad en el balcón. Un diciembre con viento afuera, que mueve los árboles como allá en Tilarán. Árboles que se mueven enérgicamente en la noche, aunque aquí falta ese silbido constante del viento que se cuela por debajo de la puerta. Silbido que era materia prima de pesadillas cuando niño, y ahora lo es de sueños años después. Sueño despierto como por ganas de no estar acostado. Dolor de espalda. Ganas de soñar caminando por la calle en la noche con ese viento que trae recuerdos y olores. Y sin embargo sueño en mi cuarto, sin música en los parlantes, con música en mi cabeza. Música de fondo, música de inspiración, música conocida y desconocida, nueva y vieja. Mi mente me reclama la música que no le he dado todo el año. Agarro mi guitarra como la agarraba a mis 17 años. Un click constante e inquebrantable se hace muy lentamente más frecuente. Es el click del metronomo que me vuelve a enseñar como estudiar mi instrumento, tal y como cuando tenía esa edad. En ese momento mi cuarto quedaba aquí pero no era el mismo, y yo miraba hacia la pared contraria. Eran tiempos con tiempo. Eran noches despreocupadas pero ocupadas. Las preocupaciones eran pocas en esos tiempos de colegio. Los amigos eran muchos. Estaban dos personas que ahora no tengo. Una no volverá más. La otra volverá sin ser el mismo. La vida tiene golpes. Y en ese cuarto recordaba cosas diferentes, cosas de más atrás. Como los primeros saludos que les di a cada uno de mis mejores amigos en el momento en que los conocí. Esos recreos en la escuela, de comer la merienda en la esquina de la pared de afuera de la clase. Con todos mis amigos juntos, gritando y riéndose. Si hubiera sabido desde entonces que había uno de ellos que perdería por completo, habría reído más con él. Habría estado en aquel campo que me cuesta tanto describir: en lo alto de un monte, con un bosque debajo y el cielo arriba, sentados en ese zacate con un viento que se quedó grabado en mi mente para siempre, mirando hacia el horizonte como si fuera la primera vez que veíamos el mundo, como conquistandolo después de caminar 3 horas, sudados, sucios, con piquetes, y rasguños de arbustos, tennis mojadas, como triunfando una batalla que no recuerdo... como me gustaría pararme ahí contigo y ver esa vista una vez más. Un cuento con muchos puntos. Un punto con muchos cuentos. Una casa del arbol, con cada vez más años y menos madera, inhabitable, donde ese amigo de cabello de fuego casi se quiebra los brazos. Hospitalidad de sus abuelos en esa cabaña. Como la hospitalidad que no se encuentra tanto en la ciudad. Hospitalidad como en San Carlos. Luego de salir del colegio cambio de vida: cambio de madurez, cambio de amor, cambio de independencia. Un viaje a San Carlos, con hospitalidad en cuanta casa entrabamos, con nada más para pagar que con pequeños conciertos de guitarra, que parecían ser más que suficiente para pagar la estadia de mis amigos también. Un viaje con visitas a lugares que jamás había visto, incluso lugares que ya no siguen ahí después del terremoto de cinchona. Un cambio para ir a la universidad, muchísimas personas nuevas en mi vida. La formación del grupo de música con el que más he disfrutado y crecido. Luego la perdida de mi abuelita Zene, a quien extraño tanto. Veo su sonrisa en una foto donde la abrazo, y quisiera tanto seguirla abrazando fuerte. También la perdida de ese amigo de cabello de fuego, que se me clavó como un cuchillo al pecho. Y la angustia de ver a dos amigos más en el hospital, uno que se recupera y otro que no. Una carrera fuerte y pesada pero bonita. Y unos años después de estar conociendo a las chicas equivocadas conocí a la chica correcta. Una chica que entró por una puerta y tan solo diciendo hola me detuvo el tiempo. Una chica que llegó una linda tarde de domingo que cambió mi vida de nuevo, que cambió mi corazón. Y que hasta el día de hoy sigue siendo el amor de mi vida. La chica que me saca sonrisas sin importar el día, uno de los regalos más preciosos que me ha dado la vida. Ahora está lejos, y tal vez por eso me siento nostalgico y recuerdo todas estas cosas. Sueño despierto. Escribo sin intención de ser leído, sino más bien por el simplemente hecho de escribir. Esa sensación de sacar de adentro lo que viene del corazón, como con la música. Me siento feliz, me siento satisfecho con mi vida, mi corazón está lleno, mi vida está comenzando, he perdido cosas preciadas, y he ganado otras, de eso se trata la vida. Sueño despierto, como sin ganas de dormir, como con ganas de seguir soñando por soñar. Sueños tengo, tengo sueño. Juego con palabras sin ningun objetivo... Creo que mejor iré a dormir, y mañana despertaré siendo el mismo, con un día más en mi corazón, agradecido, y emocionado por vivir, con amor, con sinceridad, con gratitud, con ilusión...