domingo, 25 de abril de 2010

Una gota de agua



Una gota de agua lo despertó al caer sobre su frente, tenía que arreglar esa gotera antes de que llegaran las lluvias. Busca una olla, la coloca donde dormía, y se pasa al sofá, ese viejo sofá desteñido y descuidado. Cierra sus ojos y falla en su intento por dormir, las persistentes gotas parecen tambores sobre su remiendo. Se asoma por la puerta del cuarto y ve que su pequeño sigue dormido, inmune al estruendo de las gotas sobre la olla, tal vez en su inocencia no distingue su sonido del de la lluvia que cae sobre las latas del techo. El reloj ya se ha adentrado en la madrugada y aunque se siente agotado no puede conciliar el sueño de nuevo. Otro sonido se ha sumado a ese loco y asimétrico carnaval, es el ruego de sus entrañas, las cuales ahora despiertas han recordado lo vacías que están. Un poco más de comida imploran, tan solo un poco más... pero tendrá que ignorarlas, tan solo queda un poco para que su pequeño desayune. Mañana tendrá que trabajar muy duro para poder comprar un poco de arroz, y quien sabe, a lo mejor hasta le alcance para los frijoles. Su pequeño debe crecer y aprender a hacer algo más que su papá, piensa, esas ramas de café ya no son suficientes. Pero bueno, por ahora que no se preocupe más que por llenar de tierra su ropa jugando con su amigo mañana. De pronto viene el silencio, ha dejado de llover, se siente calmo ahora, debe recobrar energías. Cierra sus ojos y se ve molestado por una debil luz, se pregunta qué está pasando desconcertado. ¿Quién enciende las luces a estas horas? Entonces escucha a lo lejos... debil, pero certero, al gallo que trae al nuevo sol...

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