En fin, con botas en los pies (o tennis viejas), salíamos de la cabaña a recibir exactamente lo que me había traído esa memoria: un viento frío, con un sol ardiente recién amanecido, y olor a árboles y zacate mojados. Bajabamos primero por las plantaciones de tu abuelo, las cuales eran lo suficientemente empinadas para dar un poco de miedo al principio, nos topabamos con filas de pinos sembradas hace muchos años, y una que otra banquita de cemento, oscura de frío y musgo. Al llegar abajo nos recibía el estanque de piedra lleno de peces que marcaba el inicio del sendero, un sendero hecho ya muchos años, por el que ya tu abuelo no transitaba por su edad, y el cual nos tocaba reconstruir en algunos lugares con tan solo un machete. Siempre recubierto por la hojarasca húmeda, en caminos de unos tres metros de ancho tal vez, que a ambos lados solía ser limitado por árboles de toda clase, los cuales no eran oriundos de este bosque hasta hace tal vez unos treinta años, cuando tu abuelo sembró el bosque entero. No era una montaña entera, sino una falda de esta al lado de la carretera en Tarbaca, pero para nosotros bien podía ser una cordillera.
Caminabamos por ese camino mojado y escogiamos algun palo apropiado para ayudarnos a transitar por la montaña, y lo cortabamos con el machete. Bien podríamos ser solo niños pero vos ya habías aprendido cuales palos se podían cortar, cuales podían hacer ronchas en nuestras manos, y cuales contenían agua para jugarme bromas pesadas diciendome de la tomara, cuando sabía exquisitamente mal. Entrabamos a un claro, cobijado en mala hierba bastante alta, sobre la cual una capa de pequeños insectos voladores bailaba erráticamente bajo el sol. Cada día escogíamos un camino diferente, pues a través del perimetro de esta montaña habían diferentes intersecciones. Al seguir el sendero este subía cada vez más hasta llegar a la parte más alta, y de ahí bajamos por gradas hechas con tierra y palos hace muchisimo tiempo, algunas de las cuales no habían sobrevivido a tanta lluvia. Y finalmente bajabamos a nuestra parte favorita: el río. Un riachuelo que partía la finca por la mitad, y que al llegar al límite más bajo de esa finca, empezabamos a subir río arriba. No era muuy profundo pero siempre estaba helado. Caminabamos por las piedras que encontrabamos, cortando con machete la vegetación que nos tapaba el camino como en legítima selva, ya que el río no era parte del sendero, o al menos no para nadie más que nosotros. Y entre pasos mojados y pasos secos nos encontrabamos poco a poco con tres cascadas, de tres o cuatro metros de alto que siempre lograbamos escalar (excepto cuando el perro de tus abuelos nos seguía y había que subirlo no sé ni como por esas rocas mojadas y empinadas). Y en algún momento nos topabamos de nuevo el camino y subíamos la pared de tierra para alcanzarlo de nuevo y terminar casi la vuelta hacia la cabaña. Aquí ya no encontrabamos bosque, si no una pradera casi infinita, la cual subíamos hasta lo más alto en donde una vieja casa del arbol se sostenía tan sólo por voluntad, y ahí en ese momento, con el viento cada vez más fuerte en nuestras caras y en tu pelo rojo, y con los brazos abiertos como para salir volando, contemplabamos desde ese empinado monte, el bosque que acababamos de cruzar y de vencer, cansados, mojados, sucios, sudados, pero principalmente... vivos e indescriptiblemente felices.
En ese momento, o tal vez un poco antes mientras que terminabamos el río, se escuchaba la campana de la cabaña a lo lejos, y caminabamos lo más rápido que podíamos para desayunar... como tres horas tarde. En donde tu abuela nos recibía con desayunos que habían bajado del cielo.
Eran días que no van a volver, pero que están aquí, en mi corazón, y que nunca se irán. Días que no puedo describir en palabras, pero que quisiera poder describir. Días en que eramos libres, días en que el tiempo o los días de la semana no contenían significado alguno. Eran días en que tu risa, tus pies incompetentes y cansados, tu pelo rojo, y tu sonrisa, aún alumbraban este mundo. Ahora son reminiscencia vaga en la mente de pocas personas, pero memorias que tienen para mí un valor y un significado digno de ser inmortales.
2 comentarios:
=D... son inmortales.. tu los haces inmortales
Gracias amor!! Eso significa mucho para mi! =D MuaaaahhH!!!
Publicar un comentario